Desde arriba
Estás arriba, muy arriba, te acercas, vas bajando, las nubes se convierten en una lógica difusa.
De pronto lo ves todo más claro, tienes el mundo a tus pies. Estás frente a la pantalla-tamiz donde se reflejan las características de un mundo que se despide de la tele como ventana, acercándose a una relidad hipervinculada. Nos hace creer que no hay más intermediarios entre lo real y uno mismo y que somos omnipotentes, omniscientes y omnipresentes.
En ese momento lo único que te enfrenta a la realidad de la representación es una marca diminuta en la pantalla que, bien podría ser la mano de un ratón.